Intento borrar mil nombres de mi cabeza,
romper con aquellos prejuicios que encasillan un sentimiento y lo limitan,
los raciocinios del saber que lo aniquilan.
He tratado furiosa de romper con los dientes aquella amarra que tapa mi voz
y ahoga mi grito desesperado que insiste en pedir, en desear,
que me salven la vida
y de tato insistir creo que afloje la cuerda.
Con mis lágrimas saladas he sanado mis heridas
y por fin me reconcilio con mis errores
y los vuelvo algo quizás llamado fortaleza.
Sé que me serviría olvidarme de todo,
comenzar desde cero, cambiarme hasta el nombre,
porque estoy llena de nombres que no me pertenecen más.
Que Nadia la atea,
que Nadia la ruda,
que Nadia la que siempre tiene una respuesta para todo
¿Y si con el cambio de año también cambiaran esos nombres
que no quiero que me acompañen más?
Hay tantas cosas que quiero que cambien y no sé cómo hacer,
hay tantos mil mundos que cambiaron y el mío
¿será que también?
Para variar ya no tengo la certeza de nada
y nadie que me la de.
Por eso hoy empiezo mi viaje,
quizás no me iré muy lejos de Santiago,
ni de mi gente,
pero si muy lejos de aquella Nadia llena de nombre,
que seguirá siendo nombrada, pero que no seré más yo.
Pretendo ir muy lejos de mi hoy lleno de cualquier cosa
y llegar hasta aquel lugar donde sienta de verdad algo cambiar.
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