Me siento sobre mis ombros y comienzo a fumar aquel trago amargo que escuche el mismo día en que, cansada de dormir, le pedí un deceo a una estrella; le pedí, a cambio de no seguir pidiendo facilismos, que me facilitara una aventura.
oh, una la loca la vida.
Curiosa sensación es la que siento ahora,
como si aquel día me robaran la boca
y mañana me contaron un secreto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario