Siento como mi alma presiona
para escaparse por entre mis ojos,
como la ira del mundo se abate sobre mis hombros
y en mi sien brincan furiosos
el descontento, la confusión y el poco tiempo.
Así es como me duele mi descuido.
A ratos un fluir de aire frío me daña la garganta,
ahogando mi grito de protesta,
transformándolo en un gruñido primitivo
que salpica, entre mis manos, la impotencia.
No me queda más, para ganar esta batalle,
que tomarme rigurosamente la yerbita que me mandó la Tereza
y hacer que jueguen en mi boca la miel, mi lengua y la inclemencia.
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