Pelo alborotado,
ojos rojos e hinchados,
ropas anchas,
mirada perdida,
caminar distraído.
Esquivando miradas que la culpen.
Esperando aquellas miradas.
Esperando que se fijen en su rostro demacrado.
Esperando que penetren más allá,
que revelen su alma desolada,
que sientan el frío de su aliento y sientan el ardor de su sien.
No espera dar lastima o pedir misericordia.
Solo busca tristemente un poco de empatía,
preocupación, apoyo,
esperando aquella mirada que escuche lo que grita
desde lo más profundo de sus entrañas su alma,
pero que su boca no es capas de pronunciar.
Será por no conocer las palabras que debe pronunciar…
o porque no cree poder retener el llanto que se agrupa en su garganta.
Esquivando miradas espera entonces aquella,
la que la desnude,
la que la descubra,
la de quien espera.
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